Road to Mandalay. Navegando por el río Ayeyarwady. Tercer día

Bagan

“Road to Mandalay” se acerca a la que fue la capital del Imperio Birmano, Pagán o Bagán, la gema de la travesía, uno de los monumentos religiosos más memorables del mundo, en el que 100 de sus 3000 pagodas son patrimonio de la humanidad.

La mayor parte datan de los años 1044-1283, la era dorada de Birmania, íntimamente ligada al legendario Rey Anawrahta que subió al trono en 1044 y que, dado su fervor religioso, infundió su fe, el budismo Theravada en sus súbditos. Uno de sus magníficos legados fue la Pagoda de Shwezigon. Otra bella pagoda es la de Ananda que tiene budas enclaustrados en angostas cuevas de ladrillo .

La magnificencia de lo que debió ser Pagán en sus años de esplendor quedó mermada por los ataques del Kublai Khan en 1287 y por una serie de terremotos que acabaron convirtiéndole en una aldea. Aún así las pagodas y estupas se pierden en el horizonte y siguen causando un efecto estremecedor cuando se contemplan por primera vez, especialmente en el ocaso desde el templo de Ananda o desde un globo aerostático.

El “espejismo” real de una mansalva de pagodas y estupas sembradas en verdes llanuras por los reyes de Birmania, en su afán meritorio para un decorosa reencarnación, constituye uno de los enclaves más bellos del sudeste asiático.

El “tanaka” decora y protege sus rostros.

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