Road to Mandalay. Navegando por el río Ayeyarwady. Primer día

El recorrido en coche por Yangón desde el Aeropuerto hasta The Governor´s Residence Hotel, es extraño; parece una ciudad tranquila, la gente pasea apaciblemente, el aire huele a la flor de “frangipani” o “kalachuchi” y la cúpula de oro de la pagoda mas sagrada del país, la de Shwedagon, con sus 100 m. de altura, sobresale sobre los demás edificios. Da la impresión de que el tiempo y la acción se hubieran detenido y que la controvertida historia de Birmania-Myanmar se redujera a esa tarde del verano tropical.

The Governor´s Residence

El Hotel está en la zona de las embajadas, caserones imponentes protegidos por vallas y rodeados de espléndidos jardines. Entre las regias mansiones se esconde la casona de madera de porte colonial, embellecida por una amalgama de flora tropical que parece hubiera crecido de forma natural combinando flores, helechos, bambúes y acacias y que sin embargo encubre una esmerada labor de jardinería. Con sonrisas y delicadeza recibe el personal del Hotel al huésped que se alojará en lo que fue la residencia del gobernador de los estados del sur, y que hoy alberga un acogedor hotel de la colección de Belmond, Hoteles, Trenes y Cruceros.

Antes de cenar se impone un coctail en el Bar Kipling o en la piscina, para después saborear una deliciosa cena asiático- europea en el restaurante Mandalay.

Se hace de noche, es hora de irse a la cama, cerrar los ojos y caer dormido acunados por el croar de las ranas, el canto de las salamandras, y un sinfín de sonidos que guarda la noche en los trópicos. La calidez de la habitación también ayuda a relajarse; madera de teka, tonos suaves en las tapicerías, luces bajas y bonitos detalles de la artesanía birmana.

Está amaneciendo y se escucha la lluvia chocar contra los cristales. Llueve a mares, el agua golpea el tejado, hace crecer a las plantas a la vista de todos y las imágenes de la gente corriendo a guarecerse se difuminan entre la cortina acuática. Es un auténtico placer contemplar el chaparrón al otro lado del cristal, entre las sábanas aún, o desde el sofá bajo la ventana.

Amaina, sale el sol, y la piscina espera con su hilera de sombrillas naranjas y sus tumbonas marrones, donde reposan toallas y sombreros de paja; no falta un detalle. Tras la lluvia , la humedad es tremenda, nada mejor que darse un baño en el agua esmeralda, observando los detalles de la mansión, y los de las muchas plantas y flores que le rodean.

www.Belmond.com

Birmania46

 

 

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