VOLVER AL PALACIO DE HELGUERA.

Era esta la segunda vez que me alojaba en el Palacio de Helguera, un palacio del siglo XVII, convertido en hotel anticuario, inmerso en la naturaleza interior de Cantabria, y cuyas once habitaciones, cada una diferente, están reservadas para adultos.
Al conocerlo me pareció un lugar único donde nada más traspasar el umbral las sorpresas iban apareciendo a cada rincón, a cada cual más bella; escaleras adornadas con cuadros, sillones exclusivos con su manta sobre el brazo, un salón que invita a pasar el día en él, escribiendo, leyendo o tomando una copa, unas habitaciones que te abrazan… Sin embargo, ahora , disfruté de las bonanzas con más tranquilidad, fijándome en estos detalles y muchos más de los que forman parte del anticuario vivo, en el que se puede acceder a la compra de algunos de sus objetos y muebles, coleccionados por la interiorista Malales Martínez Canut.

EL PALACIO DE HELGUERA PARA LAS CUATRO ESTACIONES.
En la ocasión anterior, mi visita tuvo lugar a puertas del otoño y las hortensias del jardín, blancas, rosas, moradas, estaban en su máximo apogeo, mientras que esta vez, la primavera se anunciaba en los brotes de las flores silvestres , en esa maravillosa camelia con capullos a punto de abrirse, y en el verde tierno de las hojas brotando entre la sequedad del tronco. Si llegando el otoño , a puertas del invierno, Palacio de Helguera tenía el aire nostálgico de la estación que acaba, y se preparaba para ofrecer un hospedaje más que acogedor durante los días cortos y fríos, al borde de primavera el aire traía aromas de la nueva vida, los días se iban alargando y el Palacio volvía a vestir el jardín para recibir la estación y a sus huéspedes que disfrutarán de las vistas de los valles pasiegos.

Aunque la panorámica de los valles se divisa desde cualquier rincón del jardín, un lugar escogido es desde su piscina infinita que abre el telón a las aldeas pintadas en colores, montes y valles. Piscina que se integra en el spa, de uso privado, que cuenta con sauna, baño turco y ofrece tratamientos y productos acordes con la filosofía del Palacio, en un ambiente de alta decoración, íntimo y distintivo, diseñado por Malales Martínez Canut del estudio Malmaca, y María Mas Interiors. Mientras que el gimnasio contiguo, está equipado con la tecnología alemana Nohrd y, al pedalear en las bicicletas o caminar en sus máquinas, parece estar haciéndolo en la naturaleza por las espléndidas vistas que asoman a través de su cristalera.

CAE LA NOCHE EN EL PALACIO DE HELGUERA.

Si de día el Palacio ofrece una paleta de vistas excepcionales, empezando por su jardín, la noche lo envuelve en un manto onírico cuando se encienden las luces del Palacio y de las aldeas y el aire trae aromas nocturnos. Es el momento de disfrutar de la cena del restaurante Trastamara, tapizado con preciosas telas, y adornado con bellos toques decorativos. La vajilla de porcelana inglesa es un aditivo más, que emplata de primero anchoas de Santoña, tartar de ternera, y de segundo pescados o carnes de la zona; muy aconsejable por su originalidad , el sabroso bacalao con callos.




PUERTAS AFUERA DEL PALACIO DE HELGUERA.
En cuanto a lo mucho que ver en los alrededores, apenas a ocho minutos en coche del Palacio de Helguera está Puente Viesgo que tiene su histórico balneario a orillas del río Pas, y presume del complejo de las Cuevas del Monte Castillo , un tesoro de arte rupestre paleolítico declarado Patrimonio de la Humanidad. Mientras que a veinte minutos se encuentra uno de los pueblos más bellos de Cantabria como es Liérganes, sito en la comarca de Trasmiera, y vestido con palacetes de época. El conjunto histórico-artístico de Liérganes habla de su rica historia como centro de la Real Fábrica de Cañones en el s. XVII y a la villa tampoco le falta turismo saludable pues cuenta con el balneario de la Fuente Santa.

Balneario de Puente Viesgo.