La Patapampa de Juan Marcelo-Perú

Juan Marcelo sabe muy bien lo que dice. Y lo dice con conocimiento de causa y con un apasionamiento que no se ha enfriado a pesar de sus muchos años de guiar por tierras arequipeñas. Cuando habla del volcán Misti lo humaniza, lo trata de usted y lo integra como uno más en la vida de Arequipa. Cuando habla del arco iris del sol lo hace como si fuera la primera vez que lo ve brillar sobre esa Patapampa que de ser un terreno arisco de belleza agreste , pasa casi a ser un vergel tras las explicaciones de Juan Marcelo. Sin él, difícil hubiera sido percatarse de la llareta musgosa que solo crece a 4.000 m de altura y más difícil aún distinguir al conejo silvestre llamado” vizcacha “que se camufla entre las rocas del paisaje. Juan Marcelo es un hombre afable de físico andino que habla con cariño de su tierra y con indiferencia de aquellos que no la entienden o no la quieren. Conoce todos sus secretos, leyendas y sueños. Sabe que las pirámides de piedra sobre piedra, las “alpachetas” que salpican la Patapampa eran antiguas ofrendas a los dioses que han pasado a se amuletos para asegurar el regreso de quienes las levantan. Y sabe que si se desea algo con fuerza no hay más remedio que hacer una ofrenda a la “Mama Pacha” (la madre tierra) con tres hojas de coca como base y una planta, un animalito o un recuerdo querido sobre las hojas,…Read More

Grand Hotel Europa- El Salón de San Petersburgo

Desde Rasputín y sus zares hasta Stalin y Lenin, pasando por Gorki, Pushkin y… entre los salones del Grand Hotel Europa se han escrito y fraguado importantes pasajes de la historia de la gran Rusia. Traspasando el umbral del hotel, el hechizo va “in crescendo” al observar la decoración Art Nouveau o Liberty de la que sobresalen huevos de cristal Fabergé y cálidos quinqués.   En el Bar Caviar, de paredes y suelos marmóreos, acordes con el tono y la temperatura del exquisito manjar, se degustan diversos tipos de las perladas huevas a sorbos de vodka helado, mientras que de la garganta de la cantante brota una sentida balada rusa. Contrarrestando con el frío entorno del Bar Caviar, el Restaurante Europa resulta un acogedor y bellísimo ejemplo de “Art Nouveau”. El desayuno se sirve al son del arpa y a la exquisita cena de escogida gastronomía rusa, le acompaña un cuadro de “ballet” que danza al ritmo de la música de Tchaikovsky, venerando al gran compositor que fue asiduo huésped del hotel, donde pasó su luna de miel y donde conoció a Johann Strauss. Por las ventanas se vislumbran copos de nieve grandes como bolas de algodón que caen sin cesar envolviendo a la ciudad en una silenciosa burbuja que solo rompen las campanadas de las iglesias o las bocinas de las limusinas circulando por un San Petersburgo cubierto de nieve y con sus canales maniatados por el hielo. Testigo imparcial de la historia rusa El mítico Grand Hotel Europa, obra del…Read More

Hotel Mandarín Oriental Praga

Un acorde oriental en el corazón de Praga El Mandarín Oriental desde su sede en Hong-Kong adivinó en la ciudad de Praga un filón de belleza y cultura y apadrinando un antiguo monasterio del s. XIV lo transformó en un hotel espectacular. La construcción duró unos cinco años, ya que según las escavadoras profundizaban en los sótanos del antiguo convento, una sorpresa tras otra hacía que las obras se demoraran mas de lo pensado. Restos arqueológicos aparecieron en el túnel que comunica el hotel-antiguo convento-con el magnífico” Spa”, cuyas piedras primarias datan de la iglesia original de 1330. Situado estratégicamente en el centro de Praga, en el distrito de Mala Strana, el Hotel está muy cerca del Museo de Música y a cinco minutos del puente Carlos. Algunas de sus habitaciones gozan de vistas al Castillo de Praga y a los tejados de Mala Strana. Después de un día intenso recorriendo las calles de Praga, que siempre tienen algo nuevo que ofrecer, entrar en el Hotel Mandarín Oriental de Praga, es penetrar en un oasis de paz y armonía, donde Oriente y Occidente se funden con el mayor de los aciertos. Las bóvedas del antiguo convento refulgen tenuemente con cálidas luces apenas perceptibles. Las flores tropicales en jarrones de cristal, las paredes casi desnudas, los techos altos y las cortinas minimalistas. La decoración está diseñada con esmero para crear una atmósfera nada recargada y al mismo tiempo cálida y acogedora con los adelantos del siglo XXI, sin perder los rasgos históricos…Read More

DEL 20 DE FEBRERO AL 3 DE MARZO-2014 LAS OBRAS DE WINSTON CHURCHILL Y HASSAN EL GLAOUI EN “LA MAMOUNIA”-MARRAKECH.

UNA EXPOSICION DE LUJO EN EL SENSUAL MARCO DE “LA MAMOUNIA”. El más bello de los oasis. Al pasar bajo el arco de la muralla del s.XII y entrar en las ocho hectáreas del parque de “La Mamounia”, se escucha el silencio. Una puerta de marquetería escoltada por dos elegantes ujieres con capas rojas, da paso al interior del hotel, cuya última renovación a cargo de Jacques García tras tres años se dio por concluida en el otoño del 2009 y fue un rotundo éxito gracias a la sabiduría del aclamado diseñador al recrear y exaltar el estilo arábigo-morisco que prevalece en todos y cada uno de los detalles del hotel, con patios que recuerdan al “Patio de los Leones” de la Alhambra granadina. Las paredes son de estuco marroquí, los arcos de herradura y el granate sobresale entre los colores. El anagrama del árbol de la vida se encuentra en cabeceros, fuentes, en rincones insospechados, y piezas ultramodernas como la escultura del niño marroquí le dan una pincelada de modernidad a la tradición. Los cuatro colores de Marrakech destacan en el pequeño gran universo de “La Mamounia”. Entre las ventanas de las muros ocre del Hotel, se divisa el verde vivo de las palmeras del jardín, el azul rabioso del cielo marroquí y como telón de fondo el blanco inmaculado del Atlas cubierto de nieve. Colores que hechizaron a hombres de distintas raíces y culturas como Winston Churchill y Hassan El Glaoui que enamorados de la sensualidad de Marrakech…Read More

Road to Mandalay. Navegando por el río Ayeyarwady. Tercer día

Bagan “Road to Mandalay” se acerca a la que fue la capital del Imperio Birmano, Pagán o Bagán, la gema de la travesía, uno de los monumentos religiosos más memorables del mundo, en el que 100 de sus 3000 pagodas son patrimonio de la humanidad. La mayor parte datan de los años 1044-1283, la era dorada de Birmania, íntimamente ligada al legendario Rey Anawrahta que subió al trono en 1044 y que, dado su fervor religioso, infundió su fe, el budismo Theravada en sus súbditos. Uno de sus magníficos legados fue la Pagoda de Shwezigon. Otra bella pagoda es la de Ananda que tiene budas enclaustrados en angostas cuevas de ladrillo . La magnificencia de lo que debió ser Pagán en sus años de esplendor quedó mermada por los ataques del Kublai Khan en 1287 y por una serie de terremotos que acabaron convirtiéndole en una aldea. Aún así las pagodas y estupas se pierden en el horizonte y siguen causando un efecto estremecedor cuando se contemplan por primera vez, especialmente en el ocaso desde el templo de Ananda o desde un globo aerostático. El “espejismo” real de una mansalva de pagodas y estupas sembradas en verdes llanuras por los reyes de Birmania, en su afán meritorio para un decorosa reencarnación, constituye uno de los enclaves más bellos del sudeste asiático. El “tanaka” decora y protege sus rostros.

Londres. Un paseo navideño por Oxford St.

Cuesta andar, la gente se aglomera entres Oxford y Regent; villancicos, tiendas, luces navideñas, neones y una mezcla cosmopolita que pulula por las calles de Londres, hacen que falten ojos y oídos para atrapar tanta y tan atractiva información callejera. El aire está impregnado de un dulce aroma a “waffle”,condimentado por los efluvios que se escapan del pequeño restaurante de”kebab”. Las pintas corren por los “pubs” de Oxford St.; lugares idóneos donde recalar entre compra y compra… HOUSE OF FRAISER, SELFRIDGES, MARKS AND SPENCER, ZARA, BOOTS… compiten con las decoraciones navideñas y el escaparatismo, que cada año se supera haciendo de Londres, especialmente en sus calles de Oxford y Regent, una magnífica vitrina donde exponer sus productos con una creativa originalidad. Regent St. hace gala de la elegancia natural de su curvilínea arquitectura, y a sus ornamentos, que suelen ser los más vistosos de la ciudad, les acompaña el gigante medallón del musical infantil de la temporada.